jueves, 8 de febrero de 2018

LA HUERTA COMO SEÑA DE IDENTIDAD DE NUESTRO PUEBLO: POZOS, NORIAS Y ALBERCAS (I)


LA HUERTA COMO SEÑA  DE IDENTIDAD DE NUESTRO PUEBLO: POZOS Y ALBERCAS (I)






Taconeando
vienen las yeguas
cantarillos de lata
con agua fresca.

Un rayito de sol
en el pozo abandonado
brilla el caldero oxidado.

Isabel Escudero. Fiat umbra




Con este artículo pretendemos sensibilizar de la importancia patrimonial y el interés que desde una perspectiva etnográfica y etnológica,1 así como histórica, didáctica y cultural tienen estos conjuntos que formaron parte de una tradicional forma de aprovechamiento de las aguas en una actividad tan singular en nuestro pueblo como fue la huerta.  Una actividad que ha generado una serie de construcciones que forman parte de la arquitectura tradicional o vernácula;2 una serie de <<organizaciones arquitectónicas>> que se integran en lo que García Grinda ha venido a denominar <<la arquitectura del agua>>.3 Por ello, aunque centraremos nuestro trabajo en la huerta y los elementos relacionados con la misma, incluimos algunos otros elementos de la arquitectura tradicional vinculados al agua que forman parte de esa arquitectura del agua: pozos y fuentes, albercas, pilas y pilones, etc. Sin olvidar un elemento que supuso un gran avance en la extracción del agua de los pozos, la noria.



POZOS

Un pozo, como todos sabemos, es un hoyo de grandes dimensiones que se hace en el terreno intentando llegar al nivel freático que, excepto en los pozos surgentes, siempre se encuentra en una cota inferior a la del suelo; y así disponer de agua, tanto para el abastecimiento de las personas y los animales, como para regar las numerosas huertas que existían en nuestro pueblo.

         Antiguamente, estos pozos se hacían manualmente -con pico y pala-, cavando y sacando la tierra hasta encontrar la suficiente cantidad de agua que permitiera seguir trabajando en él para darle una mayor capacidad de almacenamiento. A veces, el trabajo se veía frustrado y  había que desistir por no encontrar el preciado líquido y volver a tapar el hoyo. Más tarde, aparecieron máquinas que por medio de una pala mecánica extraían la tierra y en poco tiempo conseguían hacer la concavidad, dándole mayor profundidad y anchura. Era conveniente forrar el vaso del pozo con una pared de piedra para darle mayor consistencia y evitar el derrumbe de la tierra.


Paredes de pozos empedrados utilizando la técnica de piedra seca


Algunos, sobre todo aquellos que iban a ser destinados al abastecimiento de agua para beber las personas, se remataban con un brocal de piedra disponiendo de una carrucha que pendía de un arco de hierro y provistos de un cubo cilíndrico de chapa metálica con base de madera para facilitar el llenado del mismo por el efecto de flotación y la consiguiente inclinación de la boca. Ahora, los pozos suelen hacerse de sondeo perforando la tierra, incluso la roca, alcanzando grandes profundidades y extrayendo el agua por medio de bombas mecánicas.

 Cubo y carrucha

Quizá la forma de extracción más antigua, aparte de la simple manual con un cubo o caldero atado a una cuerda, sería con cigüeñal, hoy en desuso. Después se emplearía la noria, para seguir con métodos más modernos a base de bombas manuales, motores de gasolina y bombas eléctricas.

Todavía, dentro del casco urbano podemos observar algún cigüeñal como el que se encuentra en los extramuros de la carretera de Valle de la Serena; y, con resto de una instalación a base de bomba manual, el pozo que se conserva en la entrada del Parque Nuevo y en la Viña de don Carlos.



Cigoñal o cigüeñal: pértiga, palanca o palo, contrapeso, cubo y horquilla sobre pie de granito



Bombas de extracción manual 


Existen algunas casas que aún conservan el antiguo pozo del que disponían en el patio o corral, y que servía para el abastecimiento del ganado y la limpieza doméstica. No se utilizaban para el consumo humano porque, como nos dice Casco Arias, las aguas de estos pozos se encontraban contaminadas: <<Son abundantísimas, a escasa profundidad y potables a excepción de las del pueblo que están cargadas de gérmenes y materia orgánica…>> (Casco Arias, 1961: 39-42).

Además, la población podía utilizar el agua de los pozos que se encontraban en algunas calles y que aparecían como suministradores públicos, como el famoso Pozo Dulce que diera nombre a la actual Plaza de Extremadura. Había otro pozo en la calle Cacería, en la que también podemos ver un simulacro –aunque en el original el brocal era cuadrado-, recordando la existencia de aquél, y situado casi en el mismo lugar donde se encontraba. Hubo también otro en esta misma calle en el ensanche enfrente del edificio de la Casa del Pueblo, que ya en los años sesenta se encontraba cegado.

Plaza de Extremadura y calle Cacería

Junto con estos pozos repartidos por las calles del pueblo existía un pilar en la actual plaza de Hernán Cortés (Parque Viejo) que servía de abrevadero para el ganado. Era frecuente realizar un encañado desde aquellas fuentes o manantiales para el abastecimiento alejados de los lugares más transitados o accesibles para los vecinos que se servían del espacio para sus caballerías y  ganado. Así, aquel pilar se surtiría de las aguas procedentes de una fuente o pozo situado en la calle Mártires, desde donde partiría una cañería que discurriría por la calle Cagancha hasta llegar a la plaza de Hernán Cortés donde, como sabemos, se encuentra un pozo que, posiblemente, fuera de construcción más reciente y surtiera al pilar en época más tardía.

<<Para el abrevadero del ganado había, dentro del casco urbano de la población, en el año 1840, cinco pozos y un pilar, y los vecinos se abastecían del agua potable de los pozos de las huertas. El pilar estaba situado en la actual plaza de Hernán Cortés, en el centro del parque; las aguas venían por cañería de un pozo de los extramuros situado en las traseras de las primeras casas de la calle de los Mártires, siendo esta conducción antigua>> (Casco Arias, 1961: 39-42).

De la existencia y construcción de  estas cañerías -ya en tiempos de los romanos-, nos habla Vitrubio en sus libros de arquitectura, y se encontraron indicios de sus restos durante las últimas obras de acondicionamiento de la calle Caganchas: <<… se harán tubos de barro cuyo grosor no sea menos de dos dedos y de suerte que uno de los extremos sea más estrecho, con el fin de que pueda encajarse dentro del otro. Las junturas se han de cerrar con cal diluida en aceite” (Libro Octavo, Capítulo IV, “De los modos de conducir el agua”).

Encontramos en la documentación referencias a los pozos que había en Quintana en 1595: <<Y poço que llaman el poço de Quintana en la calle que va de la villa de Campanario a la de Zalamea y el poço tenia un cigüeñal que sacaba el agua que iba a un pilar para las caballerías. Otro poço avia del dicho pilar que esta cubierto y  esa agua va encañada al dicho pilar>> (Visitación… 1595). A finales del siglo XVIII, había cuatro o cinco pozos en el pueblo para el abastecimiento de personas y animales que, tanto Agúndez como Madoz, los nombran por fuentes en número de cinco cada uno de ellos, mientras en el Interrogatorio de la Real Audiencia se citan cuatro.4

Desde antiguo, estos lugares (pozos, ríos y lagunas) han sido muy cuidados por ser parte esencial y vital en la supervivencia de los grupos humanos. A finales del siglo XV, vemos como se establecen las normas que han de regir para que el agua esté limpia y sea apta para el consumo de personas y bestias:

[19] Título de las lagunas, pozos y ríos : Otrosí, por quanto las lagunas, pozos y ríos de los lugares de la dicha villa de Magacela son muy necesarios para las bestias e conviene que se guarden con mucha diligencia para que el agua esté limpia para las dichas bestias e no se eche en ellas ninguna cosa para las dañar ni se haga en esto cosas de que puedena personas e bestias recevir peligro, ordenaron e mandaron que agora, e de aquí adelante, ninguno sea osado de echar madera en las dichas lagunas, ni palos ningunos, ni sarmientos, ni vencejos, ni juncos, ni otras cosas en las dichas lagunas, ni menos puedenlo hacer en pozos que en ellas, porque los dichos pozos se rescrecian peligrosamente después que se hinchan las dichas lagunas, so pena que el que echare la dicha madera incurra en pena de seiscientos maravedís y el que echare sarmientos, o juncos, o vencejos, o otras cosas semejantes [Fol. 24r], o lavare paños o mieses incurra en pena de sesenta maravedís por cada uez y el que [lo] hiziere [en] pozos incurra en pena de seiscientos maravedís.
Otrosí, porque del beber de los ganados menudos, ansí como puercos, y ouejas, y carneros, y cabras dañan las dichas lagunas, hordenaron e mandaron que agora, e de aquí adelante, ninguna persona sea osado de dar agua en las dichas lagunas a puercos, ni carneros, ni ouejas, ni cabras, ni borregos, y el que lo contrario hiziere; si fuere rebaño de cada caveça sesenta maravedís; e si no fuere rebaño de cada caveça dos maravedís por cada vez (Miranda, 2003: 104. Transcripción recogida del autor).

         A finales del siglo XIX, encontramos la ley de agua de 1876 que regulaba la construcción de pozos privados:

<<Art. 19. Todo propietario puede abrir libremente pozos ordinarios para elevar aguas dentro de sus fincas, aunque con ellos resultasen amenguadas las aguas de sus vecinos. Deberá sin embargo guardarse la distancia de dos metros entre pozo y pozo dentro de las poblaciones y de 15 metros en el campo entre la nueva excavación y los pozos, estanques, fuentes y acequias permanentes de los vecinos.
Art. 20. Para los efectos de esta ley, se entienden que son pozos ordinarios aquellos que se abren con el exclusivo objetivo de atender al uso doméstico o necesidades ordinarias de la vida, y en los que no se emplea en los aparatos para la extracción del agua otro motor que el hombre>> (BOP. Núm. 391. Sábado, 5 de julio de 1879).

El uso y la conservación de los pozos públicos se encontraban regulados por las ordenanzas municipales:

<<Merecerán la particular atención de las autoridades como medio de remover las causas generales de insalubridad: primero, la reparación, limpieza y curso expedito de los conductos de aguas sucias, de pozos inmundos, sumideros, letrinas, alcantarillas, arroyos, corrales, patios y albañales. Segundo el continuo y esmerado curso y aseo de las fuentes, calles, plazas y mercados…>> (BOP. Núm. 72. Lunes, 17 de junio de 1867).

Hasta la traída de agua potable y la realización de la correspondiente red de distribución para el abastecimiento de la población, que se llevaría a cabo en los años sesenta, el agua utilizada para el  consumo humano era la de algunos pozos que se encontraban en los extramuros: Pozo de la Pepa, Pozo de Doña Fuensanta, Pozo de la Fuente del Castillejo, Pozo Nuevo, etc.; además de usarse para beber el agua de fuentes y pozos de las huertas y fincas. La falta de higiene en estos pozos ocasionaba algunos problemas en la salud de los habitantes de Quintana de la Serena, como bien nos transmite Casco Arias:

 <<Todos los años hay una intensa epidemia de disentería bacilar de mayo a septiembre y se producen numerosos casos de fiebre tifoidea, sobre todo durante los meses de agosto, septiembre y octubre, que baja el nivel de agua en los pozos, y, según el teorema de Herzen, la morbilidad por cada caso de fiebre tifoidea que se produce da cinco enfermedades más de otra naturaleza>> (Casco Arias, 1961: 267-268).
Pozo de la Pepa, Pozo del Castillejo y Pozo Nuevo

Hasta estos años —década de los sesenta—, el agua era llevada a las casas en cántaros de barro apoyados sobre el rodete que se ponían las mujeres sobre la cabeza y, a veces, otro en el cuadril y el barril colgando. O bien, en las aguaderas de esparto a lomo de caballerías (asnos y mulas). Nuestros queridos paisanos Diego Rodríguez y Bibiano Carmona Barquero, han quedado perfectamente plasmada en sus libros esta labor desarrollada por las mujeres en el acarreo de agua:

<<Con un burro y unas aguaderas y cuatro cántaros al Pozo la Pepa o a la Fuente del Castillejo, que eran las aguas que se dedicaban a beber. Porque los pozos que están cerca o dentro del pueblo dan un agua vasta (Rodríguez/Zavala, 1999: 72).

<<Entre las tareas del hogar tenían la de acarrear el agua para beber en casa. Solían hacerlo con dos cántaros de barro; uno de ellos en la cabeza, donde para sujertárselo se ponían una rodilla, hecha de listas de tela y el otro cántaro en el cuadril. Los pozos de agua potable distaban uno o dos kilómetros del centro del pueblo. Entre los más utilizados estaban: La fuente del Castillejo, Fuentesanta, el pozo de la Pepa, el de la tía Higinia y el de la lancha hueca, entre otros. Cada cántaro haría unos 10 litros de agua. Este peso más el del cántaro en sí mismo, hacían un total de unos 25 kilos que diariamente tenían que soportar las mujeres de nuestro pueblo>> (Carmona, 2015: 80-81).

      Aguaderas y cántaros de lata                 Cántaro de barro

No podemos olvidarnos de la figura del aguador que en nuestro pueblo estuvo representado por la “cuba de agua” que suministraba el agua por las calles.

Otro uso diferente que se hacía en algunos pozos era el de utilizar su agua para lavar la ropa.

<<Un recuerdo a las mujeres /que iban a lavar la ropa, /con escarchas y con nieves /cubiertas con media toca. /Saliendo al romper el día, /al frío plantaban cara, /las primeras se ponían /donde el agua estaba clara. / Frascoluñas y arrazauces, pozo jinojo y la pepa / que la ropa allí lavada /quedaba como la nieve, /todavía habrá aquí alguna vieja, /que con nostalgias lo recuerde.>> (Pedro Gómez García. Presidente de la Junta de Gobierno del Hogar de Pensionistas de Quintana de la Serena. Libro de Feria, 1984).

Las mujeres se dirigían con su cesto cargado de ropa sucia y con el jabón elaborado en las casas, a base de sosa y aceite usadas. Había quienes se dedicaban a lavar la ropa de otras casas con lo que ayudaban a sostener la precariedad económica de sus familias. Uno de estos pozos era el Pozo Hinojo o “Jinojo”, que estaba situado en la zona donde actualmente se encuentra el tanatorio. Refiriéndose a esta labor, Bibiano Carmona Barquero, nos relata en su libro Retazos de mi vida: La Emigración:

<<Aparte de este cometido tenían también que lavar las ropas fuera de casa, en huertas situadas a las afueras del casco urbano, como la del “Pozo Hinojo”, junto al puente de la carretera de Villanueva de la Serena a Quintana. También frecuentaban mucho los charcones de la “Frascoluña” y las tablas de agua del arroyo “Cagancha”.
El medio de locomoción era el de ir andando con el cesto de ropa sucia en la cabeza y en la mano el caldero con el jabón, hecho en casa con sosa y con la grasa de los animales (el sebo), además de la merienda para ese día. Estas jóvenes, si tenían suerte y les hacía solo (sobre todo en invierno), recogían la ropa ya seca que, antes, habían tendido en la hierba, canchales o alambrada. Pero si el tiempo no acompañaba, la tenían que recoger mojada con el consiguiente peso en sus cabezas, como es de comprender>> (Carmona, 2015: 81-82).


 
Tinaja y botijo o barril

Cuando se rompía la cuerda, se destrababa o caía por alguna causa el cubo y quedaba en el fondo del pozo, se utilizaban las rastras para sacarlo. Éstas consistían en una serie de ganchos de hierro que, atadas a una cuerda, se introducían hasta el fondo hasta que se conseguía enganchar el cubo.

Rastras

Hasta la llegada de la potabilización del agua, en algunas casas existían unos dispositivos que se utilizaban para filtrar el agua. Estos eran los conocidos depuradores SINAI. El depósito, situado en la parte superior y provisto de una tapa, se llenaba de agua y ésta por decantación iba pasando por una serie de depósitos que contenían diversos materiales filtrantes, hasta llegar a la parte inferior donde se disponía de un grifo para sacar el agua. Todo el conjunto, dividido en varias piezas, se sostenía sobre un pie o pedestal del mismo material cerámico.

Depurador de agua 


La llegada del agua potable a Quintana llegaría siendo alcalde Don Carlos de la Cruz Barquero (Casco Arias, 1961: 190); todavía, en los primeros años de la década de los sesenta no se disponía de ella en las casas y vemos como hasta 1962 no comienzan las obras de captación de aguas para el abastecimiento. En el diario Hoy de 28 noviembre de 1962, se daba la noticia: <<Han empezado las obras de captación de agua con destino al abastecimiento de la población>>. Demasiado retraso, si tenemos en cuenta que esa necesidad de abastecer de agua potable a la población ya se había iniciado durante el gobierno de la Segunda República: <<Durante el corto periodo de la Segunda República […] Quedó pendiente de resolución el expediente de la traída de agua de la fuente del Castro. El ingeniero don Víctor Villa enviado por la Diputación Provincial, fue el que comenzó los estudios del proyecto>> (Barquero, 1979: 63).

De aquella época nos queda el antiguo depósito de agua de la Frascoluña y el recuerdo plasmado en algunas fotografías, de aquellas fuentes públicas que se construyeron en diversos lugares de la población. Estos lugares se convirtieron, como antaño lo habían sido los pozos, en punto de encuentro y espacio para la sociabilidad de las gentes de nuestro pueblo.

Antiguo depósito de agua y fuente en la calle Rodeo

La actuación más reciente llevada a cabo sobre el abastecimiento de agua a la población ha sido la construcción del nuevo depósito junto a la carretera de Castuera.
Nuevo depósito de agua


 Toponimia

En toponimia, al hablar, por ejemplo,  del Pozo de la Pepa podríamos decir que se trata de un hidrónimo o hidrotopónimo ‘pozo’ designando el nombre de propietario en forma familiar o hipocorística. Pero el Pozo de la Pepa, como otros pozos diseminados por los alrededores del pueblo, tienen, al menos para los vecinos de Quintana, algo más que su nombre y su mera funcionalidad, son poseedores de la historia, las vivencias y el recuerdo de aquellas familias que los regentaron y se sustentaron, en parte, de sus aguas, y las de aquellas otras familias que se sirvieron de ellas para su sustento vital, pues hubo años en los que había que acarrear el agua en cántaros para llenar la tinaja. ¡Vamos a por  agua al Pozo la Pepa! -se decía-, en aquellos años anteriores a los del desarrollismo franquista protagonizado por los llamados tecnócratas que por medio del conocido Plan de Estabilización de 1959 y los planes de Desarrollo Económico y Social, traerían, por fin, el agua a nuestro pueblo.

La voz ‘pozo’ es frecuente en la toponimia de Quintana de la Serena, por el mismo motivo aludido al principio sobre los numerosos pozos que se abrieron para regar las huertas existentes en los alrededores de la población.

Así tenemos los nombres de lugares usando la palabra pozo y sus derivados. Aludiendo a la calidad de las aguas, como Pozo Dulce. Apareciendo el propietario o poseedor, encontramos Pozo de la Pepa, Pozo de don Diego, Pozo de María Núñez, Pozo de Juan Blázquez, Pozo de Juan Blanco, Pozo de Juan del Río, Pozo de Miranda, Pozo el Tío Genaro, Pozo Patarro, Pozo Moreno, Pozo del Piojo. Asociados a la voz ‘fuente’, como Pozo de Fuensanta o de Doña Fuensanta, Pozo de la Fuente de los Castillejos. Haciendo referencia al momento de su construcción, como Pozo Nuevo, Pozo de la República. Asociados a fitónimos, como Pozo de la Higuera, Pozo de las Adelfas, Pozo Hinojo. Con referencias étnicas o religiosas, como Pozo del Moro o Pozo de Fuente Santa. En forma diminutiva, como Pocillo del Medio, Pocillo de Tena, Pocico, Los Pocicos. Señalando yacimientos arqueológicos, como Pozo de Tesoro, Pozo del Hornillo, Pozo de la Casería. Derivados de pozo, como Los Pozuelos, Las Pocetas. En forma diminutiva, Los Pocitos, Pocicos, Los Pozuelos.

POZO DE LAS ADELFAS
Recogido por Castaño Fernández, aludiendo “al paisaje circundante”. <<Esta voz de raigambre arábe-hispánica… El Pozo de las Adelfas>>(Castaño Fdez.,1998:91-92,194). En Hijovejo. <<APC.Quintana. Pedro Miguel Flores, 1738: “e Hijo Bejo pozo de las adelfas”, f. 9>> (Castaño Fdez., 1998:). <<Audiencia de Cáceres. PJC. RP., 1842. “Pozo de las adelfas”>> (BOP 01/01/1871).

POZO DULCE
 Nombre antiguo de la actual Plaza de Extremadura. Así la definía Casco Arias a principios de la década de los sesenta del siglo pasado: <<El Pozo Dulce es una plazuela pequeña y de poco tránsito>> (Casco Arias, 1961: 24). En dicha plaza podemos ver hoy  una construcción en granito a modo de simulacro que nos recuerda la existencia del pozo que daba nombre a la calle.

POZO DE LA HIGUERA
<<Una finca rústica en el término de Quintana de la Serena, al sitio Pozo de la Higuera […] Este, Josefa Moreno Garmendia y Condesa viuda de Darnius>> (BOP 09/04/1954).

POCILLO DEL MEDIO
Adjudicación de fincas para el aprovechamiento de yerbas y pastos realizada por la Dirección general de Propiedades y Derechos del Estado: <<…al sitio Pocillo del Medio>> (BOP 30/10/1885).

POZO NUEVO (Pozo de la República)
Aún podemos ver la existencia de este pozo ubicado en la Cañada Real Leonesa Oriental y que fue construido durante la Segunda República.5 Otro con el mismo nombre de pozo nuevo se sitúa junto al Silo.


POZO DEL MORO.- Se encuentra en la Pared.
<<…existen piedras labradas y sepulturas esculpidas en la roca, como las gemelas que hay en “La Pared” cerca del Pozo del Moro, que son paralelas y con huecos adecuados para la cabeza y para los pies>> (Casco Arias, 1961: 77)

La voz ‘moro’ puede aludir a la presencia musulmana, aunque en ocasiones se utiliza para atribuir antigüedad ‘tiempos de moros’. Recogido por Castaño Fernández en su estudio sobre los topónimos de la comarca de La Serena junto con otros dos parajes, uno en Castuera y otro en Esparragosa de la Serena: <<Son muchos los topónimos en los que la voz ‘moro’ está presente y sus significados pueden ser variados, desde una alusión racial, a un apodo, una elevación del terreno o la existencia de restos de construcciones recordemos que muchas veces se habla de algo antiguo como ´de tiempos de moros`>>.  <<Pozo del Moro>> (Castaño Fdez., 1998: 34, 37, 91, 92, 272).

 <<En la finca La Pared, en el lugar llamado Pozo del Moro existe una alineación de menhires; en la parte sur hay un menhir mayor que los demás, que tiene en su parte superior una pileta con su canal de desagüe y al lado otra foseta sin canal, que demuestra que era el monumento donde los primitivos realizaban los sacrificios y las solemnes ceremonias de carácter religioso. La alineación indica que este lugar se destinaba a las asambleas y lugares de reunión de las tribus […] existen piedras labradas y sepulturas esculpidas en la roca, como las gemelas que hay en “la Pared” cerca del Pozo del Moro>> (Casco Arias, 1961: 72-73, 77).

Según Casco Arias, durante la dominación musulmana: <<quedaron restos de algunas explotaciones rurales de regadío, como Meca, en la Sierra, y el Pozo del Moro, en la Pared>> (Casco Arias, 1961: 97).

 EL POZO DEL MORO. El apelativo “moro” alude, generalmente, a restos de construcciones de épocas pasadas, a los que se les denominaba “del tiempo de los moros”. En este sentido, quizás, quepa interpretar lo de “Pozo del Moro”, siguiendo a Castaño Fernández, como opuesto a “Pozo Nuevo”. Es decir, lugar en el que existe un pozo de cuya construcción no hay memoria. Esta zona, por referencias orales, debió contar con abundantes restos arqueológicos pertenecientes a distintos períodos históricos y culturales, la mayoría de ellos desaparecidos, como una posible alineación de piedras graníticas, ¿menhires?, así mencionados en la citada obra de Cascos Arias, y que fueron aprovechados a mediados del siglo XX para nuevas construcciones; una piedra contrapeso de aproximadamente un metro de altura y material numismático: monedas en bronce de forma aproximadamente circular con una cara labrada y la otra lisa. Hoy, apenas contamos con algún que otro montón de ripios, el pozo que le da nombra al lugar, igualmente empedrado como el de Angarilla y varias piedras de molinos.
Además, cerca de este sitio, se encuentran dos tumbas antropomorfas, probablemente altomedievales, excavadas en una afloración  granítica del terreno (León, M. /Carmona, Mª. C., 2006: 47-48; 2011: 64-65).


POZO DE LA PEPA
Se accede por el camino de Meca que sale desde la actual Plaza de la Concordia y girando hacia el Cerro Travieso nos apartamos por una pequeña vereda que pasa junto a una antigua era y nos adentramos en una huerta en la que todavía podemos ver el Pozo de la Pepa. A este pozo se acudía para llenar los cántaros de barro o de lata que eran transportados por las mujeres, a veces, “uno en la cabeza, otro en el cuadril, y el barril colgando”, o en las aguaderas transportadas por caballerías, a sus respectivas viviendas para su abastecimiento como agua de beber, por la cual había que pagar:

<<[…] por el cántaro pequeño que llevaban las crías una – perrilla-  y por los grandes de las mujeres una –perra gorda- por el barril no cobraban y por los cántaros de lata el doble (2 perras gordas) los últimos años subieron y por el grande de lata se cobraba dos reales>>> (“El Pozo de la Pepa”. Jmarisanchez. Cosasdequintana.@Quintanejos.


POZO MORENO

Con el nombre de su propietario. <<Los propietarios aparecen también con su nombre en aposición a ‘pozo’, presumiblemente por caída de preposición>> (Castaño Fdez., 1998: 91, 265). <<APC. Quintana. Diego Fernández de los Ríos, 1680: “hera de las matas baldio de las siete villas al sitio del pozo moreno”, f. 101>> (Castaño Fdez., 1998: 224). Recogido en su apartado de apodos: <<Bastantes se refieren al pelo de las personas y su color: … Pozo Moreno>> (Castaño Fdez., 1998: 262-26). <<Audiencia de Cáceres. PJC. RP., 1774. “Pozo moreno”>> (BOP: 18/09/1870). También: Camino Pozo Moreno (BOP: 15/05/1925).

POZO DEL TESORO

<<También junto al Yacimiento Arqueológico de Hijovejo han aparecido numerosos restos arquitectónicos labrados en granito o bien en mármol, entre ellos un prisma de granito “Gris Quintana” con los genitales masculinos gravados en bajo relieve en uno de sus lados.
Asimismo, varias columnas y antiguas cimentaciones aprovechadas por el actual propietario para la edificación de la vivienda, y un gran pozo empedrado, que es conocido en la localidad como “El Pozo del Tesoro”.
         Todo lo cual denota cierta suntuosidad, que contrasta con la austeridad de las instalaciones del recinto fortificado, por lo que muy bien podría tratarse de la residencia señorial de esta fortificación, cuando se transformó en “villa” (León y Carmona, 2006: 12- 13).

POCILLO DE TENA
<<Audiencia de Cáceres. PJC. RP., 1845. “Pocillo de Tena”>> (BOP 04/01/1871).

POCICO
<<Audiencia de Cáceres. PJC. RP., 1847. “Pocico”>> (BOP 16/10/1870).<<Audiencia de Cáceres. PJC. RP., 1851. “Pocico”>> (BOP 26/01/1871). “Pocico” (Castaño Fdez., 1998: 90,33).
         También La Vereda de los Pocicos.<<APC. Quintana, F. García Cuadrado, 1726: “Vereda de los Pocicos”, f. 59>> (Castaño Fdez., 1998: 90, 238, 259, 304).

LOS POCITOS
Aparece en el trazado de la Cañada Real Leonesa Oriental realizado por Juan Manuel Escanciano en 1852, a continuación de  Mojón Gordo y antes de la Laguna del Dornajo-Dorpajo. (Maldonado, 2005).También: Olla del Pocito.

LOS POZUELOS
Derivado de ‘pozo’. Sufijo diminutivo –zuelo. Po-zuelo. El Pozuelo (Castaño Fdez., 1998: 90,91). Paraje al suroeste y próximo a la población, entre la Carretera del Valle y la Vereda del Solito.


Pozo de Fuente Santa

Notas
1.     <<… la arquitectura tradicional no es una mera “expresión material”, con valor en sí misma (valoración etnográfica) de acuerdo con los criterios estéticos o arquitectónicos que queramos atribuirle. Por el contrario, su valor radica en su condición de verdaderos textos documentales (valoración etnológica), que nos hablan del pasado y del presente, de la evolución de una colectividad, de cómo ha resuelto sus necesidades materiales y espirituales, y de cómo se han articulado los diferentes sectores sociales que la han conformado en el marco de relaciones sociales muy concretas>> (Juan Agudo Torrico y Nieves Santiago Gala: “Arquitectura tradicional: Indefiniciones y reconocimientos en las formulaciones internacionales sobre patrimonio”, en Martín Galindo, José Luis (Coord.), La arquitectura vernácula. Patrimonio de la humanidad. Tomo I, pág. 24).
2.     << …“arquitectura tradicional” o “vernácula”: el modo como unos materiales, generalmente extraídos del entorno natural, y técnica constructivas, adquiridas bien por procesos evolutivos endógenos o por préstamos culturales, han servido para dar respuesta a las necesidades físicas y sociales de un colectivo, generando modelos arquitectónicos (técnicas constructivas, diseños espaciales, y resultados estéticos), con unos logros originales en razón de la experiencia histórico-cultural y adaptaciones ecológicas propias de cada territorio>> (Ibidem. Tomo I, pág. 23).
3.     <<La actividad humana desde sus comienzos ha venido empleando el agua para un buen número de usos que han aprovechado sus distintas cualidades, desde el propio como líquido de la vida, a ser bebido y servir de riego de especies vegetales, para ser mezclado con otros productos para facilitar su utilización posterior, como útil de maceración o limpieza de personas, animales o cosas […] La especificidad de estas utilidades y la particularidad de la forma que tiene su presencia en cada territorio, junto a la propia experiencia histórica de la actividad humana, ha generado un buen número de organizaciones arquitectónicas de mayor o menor entidad que se constituyen en lo que hemos denominado como la arquitectura del agua>> (José Luis García Grinda: “La arquitectura del agua”, en La arquitectura vernácula. Patrimonio de la humanidad, T. I, pág. 159).
4.     <<Que hay también quatro pozos y un pilar para el surtido de personas y caballerías…>> (Interrogatorio de la Real Audiencia, 1791). En 1849, Pascual Madoz: <<No sirviendo sino para los ganados 5 fuentes y un pilar que hay dentro de ella>>.
5.     <<Se abrieron varios pozos para facilitar agua potable a ciertos barrios de la población, tales como el camino de Zalamea, que carecían de ella a corta distancia>> (Barquero, 1979: 63).


BIBLIOGRAFÍA
AGÚNDEZ FERNÁNDEZ, Antonio: Viaje a la Serena en 1791. Cáceres, 1955.
BARQUERO BARQUERO, Tomás de Aquino: Un trozo de la historia de mi pueblo. Quintana de la Serena. Gráficas Robles, Humanes de Madrid, 1979.
BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE BADAJOZ. Colección Histórica 1835/1997. Diputación Provincial de Badajoz.
CARMONA BARQUERO, Bibiano: Retazos de mi vida: La Emigración. Editamás. Badajoz, 2015.
CASCO ARIAS, Juan: Geobiografía e historia de Quintana de la Serena. Editorial Prensa Española. Madrid, 1961.
CASTAÑO FERNÁNDEZ, J.M. Los nombres de La Serena. (Estudios de toponimia extremeña). Editora Regional de Extremadura, Mérida (Badajoz), 1998.
GARCÍA GRINDA, José Luis: “La arquitectura del agua”, en MARTÍN GALINDO, José Luis (Coord): La arquitectura vernácula. Patrimonio de la humanidad. Tomo I, II. Diputación de Badajoz, 2006.
G. VICUÑA: Norias y bombas. Revista Europea. 1 de noviembre de 1874, núm. 36, pág. 36.
VV. AA.: Interrogatorio de la Real Audiencia en 1791. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de la Serena. Mérida, Asamblea de Extremadura, 1995, pp. 85 y ss.
LEÓN CÁCERES, Manuel / CARMONA BENÍTEZ, María del Carmen: Las “Villae” romanas y la Ermita de los Mártires de Quintana de la Serena. CEDER La Serena, 2011.
LIBRO DE LA VISITACIÓN DE DON JUAN RODRÍGUEZ VILLAFUERTE EN 1595, A CAMPANARIO Y SUS ALDEAS DE  QUINTANA Y LA GUARDA. Transcripción de Manzano Garías, A.  Fondo Cultural Valeria. Don Benito (Badajoz), 1980. El libro manuscrito original se encuentra en el Archivo Diocesano de Badajoz. Libro XIII.
MADOZ, PASCUAL (1849): Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo V. 1849. Edición facsímile. Zafra: Biblioteca Santa Ana de Almendralejo, 1990. Pág. 347. Puede consultarse la edición de 1955, publicada en Cáceres, que recoge sólo lo que afecta a Extremadura.
MALDONADO ESCRIBANO, J.  Arquitectura en las Dehesas de la Serena. Ceder, IV Edición Premios Investigación La Serena. Badajoz, 2005.
MARTÍN GALINDO, José Luis (Coord): La arquitectura vernácula. Patrimonio de la humanidad. Tomo I, II. Diputación de Badajoz, 2006.
MIRANDA DÍAZ, Bartolomé: La Tierra de Magacela ente la Edad Media y la Modernidad (Las Ordenanzas de 1499). Don Benito, Ayuntamiento de Magacela, 2003.
RODRÍGUEZ ORELLANA, Diego y ZAVALA, Antonio: Aprendiz de gañán. Biblioteca Narrativa Popular. Editorial Sendoa. OIARTZUN (Guipúzcoa), 1999.
VV. AA.: Interrogatorio de la Real Audiencia en 1791. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de la Serena. Mérida, Asamblea de Extremadura, 1995, pp. 85 y ss.
VITRUBIO POLIÓN, M.  Los diez libros de Arquitectura. Alianza Forma. Madrid, 2002. 
  
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Juan Fco. José Dávila Sánchez
Foto antigua: Colección Juan Ramón.

Juan Francisco José DÁVILA SÁNCHEZ

Quintana de la Serena, 2018















martes, 30 de enero de 2018

ACTIVIDADES COMERCIALES, OFICIOS Y PROFESIONES EN QUINTANA DE LA SERENA DURANTE LAS DOS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX

ACTIVIDADES COMERCIALES, OFICIOS Y PROFESIONES EN QUINTANA DE LA SERENA DURANTE LAS DOS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX  



Fotografía de la segunda mitad del siglo pasado, donde podemos apreciar el uso que se seguía haciendo de la balanza y la guillotina en los ya más modernos establecimientos.

<<Eran los ultramarinos auténticos santuarios fenicios, por abigarrados y bien pertrechados de estanterías en las que compartían vecindad el bacalao de Terranova con el azúcar en terrones y las alpargatas de suela de esparto. El mostrador lo dominaba una balanza, con aguja grande tras el cristal, que se movía oscilante y nerviosa entre la escala de números. Aquel artilugio no paraba en todo el día y sobre él recaían los ojos de dentro y fuera del mostrador, hasta ajustar el peso de una compra que terminaba envuelta el papel de estraza. Al lado, atornillada, vivía la guillotina del bacalao bajo cuya cuchilla sentíamos la tentación de meter un dedo, encogiéndonos de terror al sólo pensarlo. Crujía la condenada cada vez que desgarraba el espinazo seco del pescado y a veces, si el dependiente era amigo, nos dejaba que hiciéramos tan excitante operación.
            Nuestro sueño dorado era coger una medida de hojalata, bien pulida por el uso, y hundirla en las alubias del Barco, que asomaban tentadoras en un saco de boca arremangada, para descargarlas, con cuidado de ajustador, en el paquete de papel satinado. Luego pesarlas y compactarlas, a fuerza de apisonar el paquete contra el mostrador, para concluir cerrándolo con un perfecto solape que era ya cosa de artistas y que cuando lo hacia aquel experto dependiente lo seguíamos con la boca abierta […]>> (Vélez Sánchez, Antonio: Postales de la Memoria)

El presente artículo viene a complementar el ya publicado en el Libro de Feria del año 2014 y en mi blog “Piedra de la Gallina”; retrocediendo hasta los inicios del siglo pasado. Para ello, se ha utilizado principalmente el Anuario Riera de los años 1901, 1905 y 1908. Con este, junto con el ya mencionado y el también publicado en el mismo blog, Tierra Extremeña. Quintana de la Serena (Badajoz). Año 1921, se pretende dar una visión general de las actividades comerciales, oficios y profesiones, y las personas que las desarrollaron durante la primera mitad del siglo XX.


Primeros años del siglo XX

 En los inicios del siglo pasado, Quintana de la Serena era una villa que se aproximaba a los 5.000 habitantes: 4.678, en 1901; y 4.800 habitantes de hecho y 4.818 de derecho, tal y como quedaba reflejado en los anuarios Riera de 1905 y 1908. En 1908, aparece como “agregados” el Egido-Ansarero, considerado como un barrio de 348 habitantes de hecho y 349 de derecho. La estación de ferrocarril más próxima se encontraba a 11 km, en Castuera que era cabeza de partido. La única carretera que se menciona es la de Campanario, lo que haría que la estación de ferrocarril de esta localidad fuera utilizada con mayor frecuencia que la otra más próxima de Castuera durante las primeras décadas del siglo XX, hasta la construcción de la estación de Quintana de la Serena. Se señala como fecha de la Feria, del 20 al 24 de agosto (1901). Su economía estaba basada principalmente en la producción de cereales (trigo y cebada) y en la ganadería, <<teniendo gran importancia la cría de ganado de cerda>> (Anuario de 1900); y el alumbrado público se realizaba por electricidad suministrada por la empresa Sociedad Electro-Industrial.
 Además, había servicio de carruajes a Campanario, diario con salida a las 10 de la mañana y al precio de una peseta el asiento y 0,50 el de bultos (1904-05). En 1911, se ofrece el servicio a las localidades de Campanario, Magacela, Villanueva de la Serena y Don Benito.


Cargos civiles y eclesiásticos

Durante la primera década del siglo pasado vemos que figuran los alcaldes: Leopoldo Coronado Coronado (1901-02-03); Rafael Coronado Barquero (1904); Diego Martín Coronado (en 1905); y Rafael Barquero Coronado, en 1908-09-11.
1906-07. Rafael Barquero Coronado. (BOP 15/01/1906; 13/02/1907)
Señores del Ayuntamiento: Rafael Barquero Coronado, Benito Martín Balsera, Vicente Victoriano Barquero, Diego Martín Coronado, Benito Martín Coronado, Juan Antonio Rodríguez Barquero, Claudio Barquero Nogales, Venancio de la Cruz Ortiz, Juan María Balsera Hidalgo, Graciano Sánchez Pardo, Claudio García Hidalgo, Baltasar Romero Coronado (BOP 13/02/1907)
1907. Carlos Barquero e Hidalgo-Barquero (a partir de 29/04/07)
1908. Rafael Barquero Coronado (BOP. 22/02/1908); Carlos Barquero. Alcalde interino. (BOP. 06/01/1908). Carlos Hidalgo Barquero (2ª vez, hacia 1908)
1910. Rafael Barquero Coronado. (BOP 01/03/1910); José Carmona Sánchez, alcalde en funciones (BOP 08/03/1910)
1912. Alejandro Barquero y Gómez-Coronado. (BOP 20/01/1912); Eduardo Fernández Rodríguez (alcalde en funciones) (BOP 05/06/1912); Guillermo Barquero.
1914. Guillermo Barquero Hidalgo-Barquero. (BOP 09/02/1914; 21/02/1914; 20/07/1914); (Correo de la mañana. Número 259-1914 noviembre 12. Página 1. BVPH); José Carmona Sánchez, alcalde en funciones. (BOP. 15/05/1914); Juan Barquero Hidalgo-Barquero.
1915. Guillermo Barquero e Hidalgo-Barquero. (BOP 09/01/1915)
Como secretarios: Juan Cerrato Morillo (1901-02-03); Aquilino Naranjo (1904); Enrique Calvano López (1905-1908); Bibiano Dávila Barquero (1909-11).
Juez municipal: Florentino Tocados López (1901-02-03-04-05-1908); Francisco Murillo (1909-11)
Relación de Jueces municipales nombrados para el bienio de 1901 a 1903
[…] Partido judicial Castuera […] Quintana: D. Juan Victoriano Barquero, farmacéutico>> (La región extremeña: diario republicano. Número 4437- 1901, julio 3. Página 2).
 Fiscal: Francisco García (1901-02-03); Manuel Fernández (1904); Leopoldo Barquero Ortiz (1905-08-09-11).
Secretario: Juan Cerrato (1901-02-03-04-05-09); Andrés Higuero (1911).
 El párroco: Pedro Gómez Cortés (1901-02-03-04-05-08-09-11).

Enseñanza

Existían unas escuelas municipales para niñas, figurando bajo el epígrafe Instrucción pública, Profesores, como maestra Soledad Santos (1901-02-03-04-05—08-09-11), y otra para niños, que tenía como maestros a Francisco Ruiz (1901-02-03) y Agapito Barquero (1901-02-03-04-05-08-09-11); Román Fernández (1904-05-09-11) y Miguel de la Cruz (1908).
En 1911, aparecen los Colegios de Agapito Barquero y Soledad Santos.

Sanidad

 Regentando farmacias encontramos en 1901-02-03-04-05, a Victoriano Barquero, Víctor Cruz de la Cruz (también en Casco Arias, 1961:159, 289) y Ricardo García (también en Casco Arias, 1961:161 y 289),
Juan Vieto (Victo. Nieto ¿?) (1905).
 En 1908, siguen Víctor Cruz y Ricardo García, apareciendo también Victoria Barquero. En 1919, Manuel Sánchez de Tena y Pascasio Díaz. Por otra parte, Casco Arias nos dice que Pedro Gómez-Coronado <<fue farmacéutico de esta villa a principios del siglo actual>> (Casco Arias, 1961: 164).

Insertamos el anuncio publicitario de la farmacia de don Pascasio Díaz que aparece en la prensa de la época:

<<PÍLDORAS DE LOS MOSQUITOS (PLASMODIUNCIDINA). TOMANDO TRES PÍLDORAS DE LOS MOSQUITOS DIARIAMENTE SE PREVIENE EN ABSOLUTO DE TODA INFECCIÓN GRIPAL>> (Correo de la Mañana. Año 1919, núm. 1694, 28 de abril. BVPH).

Los médicos fueron Aniceto Blázquez, Venancio de la Cruz, Juan García Ortiz y Manuel Naranjo (1901-02-03). En 1904, además de los anteriores, aparece Antonio Coronado. En 1905, Aniceto Blázquez, Antonio Cruz Coronado, Juan García Ortiz y Manuel Naranjo. En 1911, Miguel Barquero, Aniceto Blázquez, Antonio Cruz Coronado, Venancio de la Cruz y Juan García Ortiz.
En 1905,¿? sigue Aniceto Blázquez, y aparecen Miguel Barquero, Antonio Cruz Coronado, Venancio de la Cruz y Juan García. ¿?
Los veterinarios: Diego Díaz, Francisco Rodrigo (1901-02-03-04). En 1904, aparece Juan Hidalgo, junto a los dos anteriores. En 1905, Diego Díaz, Juan Hidalgo y Francisco Rodríguez.
1908); Juan Hidalgo y Juan Antonio Rodrigo (1905 ¿?-1908).
En 1909-11, encontramos a Diego Díaz, Juan Hidalgo y Francisco Rodríguez.

Profesionales

De acuerdo con los anuarios de 1905 y 1908, ejercen como abogados: Francisco Morillo, Florentino Tocados López (1901-02-03-04-05); Florentino Tocados López (-1908) y Joaquín Barquero (1905¿?-1908). En 1909-11, solo aparece Francisco Morillo.
Como notario, Vicente Silva (1901-02-03-04-1908); Domingo Gómez (1911).
Un banquero, que era Pedro Benjamín Barquero (1908-09). Pedro Benjamín Barquero, aparece como corresponsal del Banco de España (1909-11).
Como comisionistas, encontramos a Ángel Cáceres (1901-02-03);  Tiburcio Fernández (1904-05). En 1905, sigue Tiburcio Fernández y aparece con él, Claudio Rey Barquero. En 1911, aparece como comisionista y agente de esta publicación (Anuario Riera), Tiburcio Fernández Sánchez. En 1909-11, aparece como Agente de informes comerciales, Tiburcio Fernández.
Como agentes de seguros: Francisco Ruiz López y Ángel Cáceres (1901-02-03) que, además, era el representante de Anuario Riera; Manuel Fernández (1905-1908), En 1908, aparece un nuevo epígrafe, el de Perito Agrimensor, en el que figura José Borrachero. Como corresponsal del Banco de España nos encontramos a Pedro Benjamín Barquero Barquero (El mercantil extremeño: Órgano Oficial de la Cámara de Oficial de Comercio e Industria. Año III, número 65, 1 de diciembre de 1904, pág. 2).
En 1911, vemos que aparece el epígrafe de Correos, figurando como jefe, José Fedrian.

Oficios

Como maestros albañiles, Miguel Gil y Manuel Nieto (1908) y Manuel Cruz y José Escobar (1909-11).
Alfareros, donde destaca la familia Romero: Fernando Bermejo, Baltasar Romero, Ezequiel Romero, Filomeno Romero y Raimundo Romero (1908). En 1909-11, aparecen Fernando Bermejo y Baltasar Romero y hermanos.
En el oficio de carpintería, figuran como ebanistas, Joaquín Vega, predominando los constructores de carro, medio de transporte habitual en la época; tales como: Juan Antonio Carmona, Miguel García, Domingo López y Juan José Sánchez (1905-08). En 1909-11, siguen Miguel García y Juan José Sánchez, apareciendo Juan Antonio Soriano. Como ebanistas, en 1911, figuran: Victoriano Carmona y Joaquín Vega.
En 1908, aparecen en el epígrafe de carpinterías: Francisco Carmona, Federico Soriano y Joaquín Vega. En 1909, desaparece Federico Soriano, siguen los otros dos y aparecen: Diego Barquero, Laureano Barquero, Vicente Carmona y Victoriano Carmona. En 1911, todos los anteriores y, además, Joaquín Vega.
En 1909-11, aparece como fabricante de sillas, Andrés S. (sic).
Las herrerías de Claudio Barquero, Juan Casco, Antonio Puerto y Juan Rodrigo; además, en 1908, aparecen Juan Blázquez, Manuel Blázquez, Diego García y Eduardo Lambea. En 1911, Juan Gasco y Diego García.
Como hojalatero, Antonio Tena.
Las zapaterías de Juan Carmona, Francisco Tener, Rafael Gómez, Francisco Manzano, Guillermo Romero, Juan Sanabria; en 1908, ya no aparece Francisco Tener. En 1909-11, Maximino Puerto, Guillermo Romero, Rafael Crespo y Julián Sanabria.  
En 1909-11, aparece en el epígrafe de Torneros: Diego Barquero, Francisco Carmona, Vicente Carmona, Victoriano Carmona y Joaquín Vega.
Regentaban sus correspondientes sastrerías: Miguel García y Romualdo García (1908). En 1909-11, aparecen: Antonio Moñino y Román Rodríguez.
Como modistas, Dolores Calderón, Ana Puerto y Fermina Laso.
En 1904, aparece por primera vez el epígrafe de fotografía: Enrique Calvano.
En 1909-11, aparece por primera vez, el epígrafe de Barberías: Benito Anguas García, Manuel Anguas y Juan Francisco Fernández.
En 1911, dentro del epígrafe Pintor revocador, Joaquín Vega.

Establecimientos comerciales y de servicios

El estanco de Ángel Miranda (1905), apareciendo Julio Rigote, en 1908. En 1909-11, siguen en el epígrafe de Expendedurías de tabacos: Ángel Miranda y Julio Rigote.
La cerería de Melitón Gómez. En 1911, aparece la cerería de Diego A. Gómez.
Las ferreterías de Venancio Cruz, Manuel Fernández y Juan Ortiz (1905), apareciendo Santos Díaz, en 1908.
Una tintorería, de Salvador Ramos.
En 1904-05, aparece por primera vez el epígrafe de librería, regentada por Jerónimo Tena, que deja de aparecer en 1908.
Las peluquerías de Benito Anguas, Manuel Anguas, Juan Francisco Puerto y Victoriano Romero.
Los comercios de loza y porcelana de Lorenzo Cruz y Ángel Pérez. Los establecimientos de quincallería de Joaquín Ramos y Joaquín Sánchez. En 1911, Lorenzo de la Cruz.
Los comercios de tejidos de Venancio Cruz y Juan Ortiz (1901-02-03-04-05); Raimundo Bravo, Lorenzo Cruz, Francisco Dávila, Manuel Fernández, Diego Fortuna, Juan Ortiz y Santos Díaz (1905-1908). En 1909, aparecen: Alejandro Barquero, Venancio Cruz, Hermanos Murillo y Juan Ortiz. En 1911, Venancio y Eduardo de la Cruz, Díaz y Casasaya y Juan Ortiz.
Comercios de mercería y paquetería: Raimundo Bravo, Francisco Dávila, Marcelino Díaz y Diego Fortuna (1901-02-03). En 1904, siguen Raimundo Bravo, Francisco Dávila y Diego Fortuna, desaparece Marcelino Díaz y aparece Manuel Fernández. En 1905, siguen: Raimundo Bravo, Francisco Dávila, Diego Fortuna y Manuel Fernández. Siguen los mismos en 1911.
En 1909-11, vemos en el epígrafe de Camiserías a Ángel Miranda.
Máquinas de coser de Rafael Gómez.
En 1905, una sombrería de Aldolfo Manzano que sigue en 1909-11.
En 1909, aparece por primera vez el epígrafe de Tintorero y quitamanchas en el que figura Salvador Ramos Huertas. Sigue el mismo en 1911.
En 1911, la ferretería de Manuel León.
         En 1911, aparece el epígrafe Relojería, en el que figura Leopoldo Blanquer.
         Surtidor de gasolina. El primer depósito de gasolina como surtidor público del que tenemos noticias estuvo ubicado en la Plaza a partir de 1925. En la sesión ordinaria del día 2 de abril de 1925, figura el siguiente acuerdo: <<Conceder autorización a la Compañía surtidora de gasolina <Ur be>> S.A., domiciliada en Madrid, instalar en la Plaza de la Constitucional de esta villa un depósito para el servicio público, sistema <<B.w.ser>>, el que se instalará en subterráneo para evitar todo peligro>> (BOP 15.5.1925)

Transportes

El servicio de diligencia a la estación: Diego Gómez Coronado (1904-05). En 1911, Tiburcio Fernández y Diego Gómez. En este mismo año figura el epígrafe Ordinarios.-A Campanario, en el que aparecen Pedro Barquero y Diego Gómez Coronado.
En 1909-11, como transportistas: Tiburcio Fernández, Diego Gómez Coronado y Pedro Retama.

Establecimientos de alimentación y bebidas

Como carniceros, encontramos a Francisco Carmona y Joaquín Vega, en 1905; y Francisco Benítez, Sebastián Benítez, Clemente Carmona, Antonio Mena, Diego Nogales, Juan Nogales, Félix Orellana, Felipe San y Lorenzo Tejada, en 1908. En 1909, siguen los anteriores excepto Francisco Benítez, Clemente Carmona y Lorenzo Tejada, apareciendo Vicente Moreno. En 1911, Francisco Barquero, Sebastián Benitez, Antonio Mena, Vicente Moreno, Diego Nogales, Juan Nogales, Félix Orellana y Felipe San.
Los establecimientos de comestibles de Manuel Fernández (1901-02-03-04-05), Antonio Romero (1905), Amparo Bravo, Juan Díaz, Pablo García, Luis de León, Joaquín Nogales, Ángel Pérez y Francisco Rodríguez (1908).  En 1911, aparecen los establecimientos de comestibles de Manuel León Almeida y Antonio Romero.
Como fabricantes de gaseosas, tenemos a Juan Ortiz, Juan Rodrigo y Sociedad Electro-Industrial; pero en 1908, solo aparece Vicente Silva. En 1909-11, Vicente Silva y Vega.
Almacenes de vinos: Benito Balsera, Antonio Romero, Juan Blázquez y Manuel León.
Cosecheros de vinos: Salustino Barquero, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado, Venancio Cruz y Antonio Nogales.  En 1909-11, encontramos a Carlos Barquero, Pedro B. Barquero, Ramón Barquero, Rafael Coronado Barquero y Rafael Coronado Coronado.
En 1909-11, tiendas de vino: J. Pedro Balsera, Juan Blázquez, Maximino Dávila y Antonio Romero Barquero.
Cosecheros de aceite: Francisco Coronado, Francisco de Godoy y Pedro Riandez (1909). En 1911, Carlos Barquero, Pedro B. Barquero, Viuda de Leopoldo Coronado, Rafael Coronado Barquero, Rafael Coronado Coronado y Diego Chacón.
 La confitería de Juan Barquero.
 En 1904, aparece como Fábrica de pan, Isidro Carbonell (gerente), y en 1905, Sociedad Electro-Industrial. En 1911, sigue Electro-Industrial y aparece Diego García.
Las panaderías de Tiburcio Fernández, Juan Ortiz, Juan F. Puerto y la Sociedad Electro-Industrial. En 1908, dejan de aparecer Juan Ortiz y Juan F. Puerto.
 Como tratantes y comerciantes de flor de cuajar leche: Rafael Barquero Coronado y Hermanos Rey Barquero, en 1901-02-03-04-05; estos últimos siguen en 1905 [¿?] y aparecen Benito Balsera, Rafael Coronado y Manuel León. En 1911, tenemos como tratantes de flor de cuajar leche a Rafael Coronado Barquero, Tiburcio Fernández y Rey Barquero hermanos.
En 1905, en el epígrafe de Tripas para embutidos: Claudio Rey Barquero. En 1909-11, encontramos a Rafael Coronado Barquero y Rafael Coronado Coronado. Se inserta el anuncio siguiente:

STEPHAN MARGOSSIAN
Esmirna (Turquía)
TRIPAS SECAS DE TERNERA Y BUEY
(Reputadas las mejores marcas del mundo)
Representante para toda España, B. Martínez Imbert, Cristina, 2, Barcelona.


Establecimientos industriales

            Una vez casi desaparecida la actividad arriera que alcanzaría un importante desarrollo en nuestra localidad, surge una nueva actividad que va a tener una gran importancia en el desarrollo económico de Quintana de la Serena durante la primera mitad del siglo pasado: la industria del curtido y el comercio de pieles y lana.
                                      
           Como Tratante en lanas: Ángel Cáceres (1901-02-03). En 1904-05-11, Tiburcio Fernández.
             En 1901-02-03, figuran en el epígrafe de curtidos: Victoriano Barquero, Antonio Coronado, Francisco Coronado, Francisco Martín, Viuda de Pascual Martín y Francisco Rey Barquero. En 1904, solo aparecen Victoriano Barquero, Francisco Martín, Viuda de Pascual Martín y Francisco Rey Barquero. En 1905, figuran como almacenistas de curtidos: Victoriano Barquero, Francisco Martín, Viuda de Pascual Martín y Claudio Rey Barquero.
             Y en el de fábricas de curtidos: Benjamín Barquero y Cía., Diego Martín, Juan Ortiz Quintana, Claudio Rey Barquero, Miguel de Tena y Barquero Pedro (B.) (sic). (1901-02-03-04-05). En 1903, aparecen todos los anteriores excepto Barquero Pedro (B.), aunque reaparece en 1904-05.
           
 Aparecen dos anuncios:

BARQUERO PEDRO (B.)
Fábrica y almacén de curtidos. Operaciones de banca

REY BARQUERO
(CLAUDIO)
Fábrica y almacén de curtidos, pieles, lanas, cereales, Flor de cuajar leche. Compra y venta por mayor y por menor. Telegramas, Claudio Rey, por Castuera, Quintana. Calle Plazuela, 9.


             Figuran como fabricantes de curtidos: Diego Rey Barquero, Pedro Benjamín, Rafael Coronado y Diego Martín (1905). En 1911, las fábricas de curtidos son: Benjamín Barquero, Pedro B. Barquero, Rafael G. Coronado Barquero, Diego Martín, Juan Ortiz Quintana, Rey Barquero, Hermanos, Diego Rey Barquero y Miguel de Tena.
            En 1901-02-03, aparecen como almacenistas de pieles al pelo: Rafael Coronado Barquero y Hermanos Rey. En 1904-05, solo aparece Rafael Coronado Barquero. En 1908, aparece Diego Rey Barquero como almacenista y comerciante de pieles con el siguiente anuncio:

<<DIEGO REY BARQUERO. ESTA CASA SE DEDICA A LA EXPORTACIÓN DE TODA CLASE DE PIELES AL PELO, EN COMISIÓN Y POR SU CUENTA PROPIA, QUE SON: CABRAS Y CABRIOLAS DE PELO CORTO. CARNEROS Y OBEJAS DE LANA FINA BLANCA EN SU MAYORÍA DE LA SERENA, RAPONES DE IGUAL CLASE. CORDEROS, MERINILLAS BLANCAS EN SU MAYORÍA SATINADAS Y PIELES MONTUNAS DE TODAS CLASE. QUINTANA DE LA SERENA (BADAJOZ)>>.

En 1911, como almacén de pieles al pelo, Rafael Coronado Barquero.
En 1904, aparece como Compañía y fábrica de electricidad: Isidro Carbonell, y Electro-Industrial un año después (1905), que suministraba la energía para el alumbrado público. En 1911, solo aparece como fábrica de electricidad, Electro-Industria.
En 1901-02-03, como fábricas de harinas, las de Juan Ortiz y Benito Rodríguez. En 1904-05, sigue Juan Ortiz y aparecen Herederos de Rodríguez. En 1911, solo figura como fábrica de harinas, Juan Ortiz. En 1908, aparecen en el epígrafe harinas: Nicanor Carmona, Sociedad Electro-Industrial. Sabemos que estas antiguas fábricas de harinas suministraban la electricidad a la población aprovechando la energía sobrante de los motores utilizados en ellas.
El molino de harinas de Matilde Hidalgo. En 1911, Pedro Riander.
En 1909-11, los molinos de aceite de Francisco de Godoy y Pedro Riander.

Construcción

Un depósito de cal y cemento, regentado por Manuel Nieto (1908). En 1909-11, Manuel León. 
Hornos de tejas y ladrillos de Leopoldo Barquero (1905) y Francisco Fernández y Francisco Morillo (1908). En 1909-11, solo aparece el horno de Pedro Riandez.
Almacenes de maderas de Lorenzo Cruz, Adriano Fernández y Manuel León. En 1911, figuran en este epígrafe: Victoriano Carmona, Adriano Fernández y Manuel León.

Establecimientos de recreo y hostelería

Los cafés que figuraban como sociedades recreativas: Casino de la Amistad y Club Demócrata (1908-09-11). En 1909-11, aparece como Presidente del Casino de la Amistad, Joaquín Barquero, y Aniceto Blázquez como Presidente del Club Demócrata. 
Las tabernas de Benito Balsera, Francisco Fernández, Ángel Pérez, Antonio Romero (1905); además de los anteriores, en 1908, aparecen León D. Barquero, Juan Blázquez y Maximino Dávila.
Las fondas de Ángela Fernández y Juan González.
Las posadas de Francisco Carmona, Benito Sánchez (1905), apareciendo la de Joaquín Sánchez, en 1908.
En 1911, aparecen los paradores de Francisco Carmona, Simeón Díaz y Joaquín Sánchez.

Agricultura y ganadería

Figuran como ganaderos: Carlos Barquero, Pedro Benjamín, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado Barquero, Rafael Coronado Coronado, Venancio Cruz, Baldomero Fernández, Juan Ortiz, Juan Pedro, Vicente Vieto (1905); y en 1908: Carlos Barquero, Pedro B. Barquero, Vicente V. Barquero, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado, Venancio Cruz, Juan Pedro Martín, Raimundo Martín, Juan Ortiz. En 1911, figuran como ganaderos: Carlos Barquero, Pedro B. Barquero, Rafael Coronado Barquero, Francisco Godoy y Pascual Martínez Vidal.
Almacenes de cereales: Narciso Horrillo, Rafael Coronado y Tiburcio Fernández.
En 1904, en Cosecheros de cereales: Benjamín Barquero, Victoriano Barquero, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado, Rafael Coronado Barquero, Francisco Martín Coronado, Viuda de Pascual Martín y Juan Ortiz. Siguen los anteriores en 1911. Y como tratantes en cereales: Rafael Coronado, Tiburcio Fernández (figurando, a su vez, como tratante de ganados, en 1911) y Narciso Horrillo Arias. De este último, figura un anuncio siguiente:

NARCISO HORRILLO Y ARIAS
Exportación e Importación
de cereales y abonos minerales. Casa fundada en 1880.

En 1909, aparece el epígrafe Aceite de oliva, como cosecheros: Carlos Barquero Hidalgo, Pedro B. Barquero, Viuda de Leopoldo Coronado, Rafael Barquero Coronado, Rafael Coronado Coronado y Diego Chacón.

         En 1904, en el epígrafe de Abonos naturales, Claudio Rey Barquero, figurando también en tratante en cereales. En 1909-11, Rafael Coronado y Tiburcio Fernández. En 1909-11, y en el epígrafe Abonos artificiales o químicos:  Rafael Coronado Barquero, Rafael Coronado Coronado, Tiburcio Fernández y Narciso Horrillo.
         En la prensa de la época aparece el anuncio publicitario que insertamos a continuación:

VENANCIO DE LA CRUZ. ABONOS, SUPERFOSFATOS, NITRATO DE SOSA DE CHILE Y SULFATO DE COBRE DE LA COMPANHIA UNIAO FABRIL DE LISBOA>> (Correo de la mañana. Año IV. Número 998, 17 de enero de 1917, pág. 2. BVPH).

          En 1909-11, aparece el epígrafe Instrumentos de Agricultura en el que figura Juan Ortiz Quintana.

Por último, aparecen los principales contribuyentes: Pedro Benjamín, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado, Venancio de la Cruz y Juan Ortiz (1904-05). En 1911, figuran como principales contribuyentes: Pedro B. Barquero, Pedro Benjamín, Rafael Coronado Barquero, Rafael Coronado Coronado y Venancio de la Cruz. ,¿? principales propietarios de la época: Inés Balsera, Carlos Barquero, Pedro Benjamín Barquero, Francisco Coronado, Leopoldo Coronado, Rafael Coronado Coronado, Rafael Barquero Coronado, Venancio Cruz, Baldomero Fernández, Francisco Martín, Juan Pedro Martín, Camila Ortiz, Juan Ortiz.




BIBLIOGRAFÍA
Casco Arias, Juan: Geobiografía e historia de Quintana de la Serena.
Vélez Sánchez, Antonio: Postales de la Memoria. Tecnigraf editores, Badajoz, 2012.)


FUENTES

ANUARIO-RIERA 1905, nº 1. 1908. BNE. Hemeroteca digital.
Correo de la mañana. Año IV. Número 998, 17 de enero de 1917, pág. 2; Correo de la mañana. Año 1919, núm. 1694, 28 de abril; La región extremeña: diario republicano. Número 4437- 1901, julio 3. Página 2.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica (BVPH).
Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz.

PÁGINAS WEB
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. HEMEROTECA DIGITAL. www.hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id:0004936878&lang=es
www.dip.badajoz.es/…reex/rcex…/estudios_13:rcex_2_200v.pdf.


Juan Fco. José DÁVILA SÁNCHEZ
Quintana de la Serena, 2018